La salud en terapia intensiva

“Así como una imagen dice más que mil palabras”, comienzo colocando la imagen de “Rayma” (caricaturista venezolana) que amerita un espacio en mi publicación, les recuerdo que esto es una simple opinión, son libres de discernir a su manera, sin más preámbulo que inicie la lectura.

La salud para los venezolanos se ha convertido en miseria y penuria, producto a la negligencia y deficiencia del Estado, afectando a todos los estratos sociales del país. Según la OMS (Organización Mundial de la Salud) define al término de la salud como, “El estado completo de bienestar físico, mental, espiritual, emocional y social, y no solamente de afecciones o enfermedades”. Es por ello que, los ciudadanos tienen pleno derecho a recibir los servicios de salubridad, garante a sus necesidades, y son tanto los ministerios como organismo, encargados a proporcionar esta seguridad social.

La crisis en materia de salud como es llamada en la actualidad, tiene un pasaje histórico importante a recalcar, en los años 80 el decadente sistema público permitía mediar en la medicina privada, solo accesible para las clases medias y altas. Los escasos centro ambulatorios públicos,  poseían poco personal asistencial, falta de equipos, y  carecían de compromiso social del personal sanitario, debido a la inseguridad y violencia que asediaban los recintos.

En contraste a esta situación, se manifiesta con el avistamiento del milenio y el gobierno de Hugo Chávez Frías, quien promovió servicios sanitarios a los sectores populares, a través de las denominadas “Misiones” como “Barrio Adentro”.

Paralelamente a esto, en la actualidad, este modelo de misiones en ambulatorios públicos, están sufriendo las mismas consecuencias de hace 30 años,estando en su mayoría en estado de abandono en la adquisición de insumos y servicios a los pacientes,  así como,el degradante mantenimiento en su infraestructura.

 Este aspecto no solo afecta a los sectores púbicos, también los hospitales centrales, se encuentran en un estado alarmante y crítico, con mayor frecuencia se evidencian noticias de diversos gremios médicos,anunciando la ausencia de medicamentos para enfermedades crónicas, como la diabetes, hipertensión, SIDA, y cáncer, la consternación al aumento de amputaciones por falta de la medicación necesaria, ausencia de equipos, utensilios quirúrgicos y de diagnósticos.

 Los médicos en el sector privado trabajan con las uñas para atender a los ciudadanos, pese a que son muy poco remunerados, cumplen con su labor en pie de lucha y con una ética profesional intachable. La falta de divisas y recursos a los distintos sectores de salud, están acabando con la esperanza de vida del venezolano.

Cada persona está sumergida en un caos,así como los servicios de salud están por el suelo, encontrar un medicamento en  las farmacias es una travesía aun mayor,medicinas como analgésicos, vitaminas, antialérgicos, antibióticos y hasta preservativos son los que más escasean, y si se logran conseguir, te limitan su compra a una determinada cantidad.

La salud para el ser humano es indispensable, privar a alguien de ella, es condenarlo a una muerte palpable. La crisis de salud en Venezuela no debe ser tomada a la ligera. El Ministerio de Salud, tiene la obligación de ejecutar medidas para dar mejoras en los servicios, reabastecer insumos a centros hospitalarios, brindar jornadas asistenciales en vacunaciones, aumentar el salario del personal médico y obrero, con el fin de  dirigir los esfuerzos colectivos destinados a proteger, promover y restaurar la salud.

Todos debemos sentar cabeza y mirar la realidad, estamos en camino de una inmundicia sanitaria, donde ni el modelo tradicional de la medicina, lograra ser una medida preventiva para el futuro. Nuestro derecho es poseer un sistema de calidad en salud pública y así evitar y tener la capacidad de tratar futuras enfermedades o padecimientos. “La salud no lo es todo  pero sin ella, todo lo demás es nada”.-Schopenhauer

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Todo sería distinto si

En estos días tan turbulentos, llenos de caos e incertidumbre que vive cada venezolano, cuando transitan las calles de la capital, creando una paranoia a cada paso recorrido, intentado fijar la vista en diferentes ángulos para percibir el peligro inminente ante un asalto, esquivando la inmundicia de los suelos, entrar con desosiego e inquietud a un supermercado o abasto esperanzado de conseguir alimentos básicos, el desgano desenfrenado cuando se trabaja duro y no existen méritos salariales que lo sustenten, que la acción de ahorro sea más un sueño que una realidad, debido a que cada día los precios aumentan, el desespero al no encontrar las atenciones medicas necesarias ni los medicamentos ante una enfermedad crónica, el llanto y acongojo de madres que identifican el cuerpo de sus hijos en la morgue, producto de la violencia desatada y la inseguridad inclemente. Es entonces, cuando los cuestionamientos afloran y hacen pensar.

Todo sería distinto si, las instituciones públicas municipales, que están a cargo del servicio de aseo urbano, cumplieran con el horario establecido, y así las distintas ciudades y barrios se mantengan limpias y en sumo cuidado, al igual que cada trabajador en el área sea beneficiado con su pago mensual.

 

Todo sería distinto si, el Estado fuera consciente de la verdadera realidad del venezolano, y afrontara con hechos palpables y no “cadenas televisivas” el  principal problema de  la “guerra económica” sobre el desabastecimiento de alimentos, para generar insumos de producción e industrialización nacional en los sectores empresariales.

 

Todo sería distinto si, las diferentes empresas públicas y privadas garantizaran la renovación de los contratos colectivos, correspondientes a las peticiones del aumento de salarios, bonos vacacionales, de alimentación, de jubilación, entre otros, que satisfagan las necesidades de los empleados.

 

Todo sería distinto si, el sistema de precios estuviera sujeto al libre comercio, a través de la oferta y demanda se logre un equilibrio entre lo que un sector está preparado para abastecer a un precio dado y lo que la otra parte desea comprar, de esta forma, se evitara el aumento desenfrenado y el venezolano lograra mantener su capital en fuentes de ahorro e inversión.

 

Todo sería distinto si,  el Ministerio de Salud Pública, fomentara recursos e insumos en la reparación de infraestructura, sistemas eléctricos, implementación de equipos no médicos y mantenimiento de aparatos electromecánicos, dotación de medicamentos a hospitales, clínicas y centros farmacéuticos, para la seguridad y bienestar de la salud a los venezolanos.

 

Todo sería distinto si, la violencia e inseguridad dejara de ser un tema común, y se convirtiera en solo casos aislados no recurrentes, que la certeza a la vida sea una tarea primordial y que los cuerpos policiales sean aptos para salvaguardar a los ciudadanos, e imponer las leyes que correspondan a cada hecho delictivo.

 

Todo sería distinto si, las instituciones escolares y comunidades vecinales a nivel nacional, ejerzan talleres de capacitación a madres, padres, representantes, para motivar y educar a los hijos correctamente y encaminarlos a un futuro prospero y lleno de oportunidades, de esta forma se podrá evitar futuros jóvenes que se encaminen en drogas, hechos de violencia y actos delictivos.

 

Todo sería distinto si, los fondos públicos estuvieran destinados a los servicios y necesidades del país, y no a los actos de corrupción vinculados a figuras públicas de poder, manejando capital a su beneficio individual y personal, dejando de lado los compromisos al cargo que se encuentre el funcionario.

 

Es así, como todo sería distinto si, los venezolanos dejaran a un lado las corrientes políticas a las que pertenecen, y dieran un vistazo a la realidad que se vive día a día, los problemas que afectan de manera directa al conocido,  al amigo, al vecino y al familiar. Es hora de mirarnos las caras y reconocer que todos somos venezolanos y deseamos una distinta nación llamada Venezuela.