Querida Madre

Tú considerada la tercera más importante de nuestro firmamento, y quinta con relación al mirifico tamaño. Tú que danzas  elípticamente alrededor del astro incandescente, y giras en ti misma sin perder equilibrio. Tú forma inigualable es como la Venus emanando hermosura y perfección.

Vida es lo que irradias, gozosa del vital néctar translucido,  burbuja azul de atmósfera, fabricando y respirando su propio oxígeno. A envidia de otros seres celestes, te compones de diversos minerales naturales, y composiciones químicas, formando rocosas cordilleras, abruptas montañas, áridos desiertos, inmaculados valles, entre muchos otros escenarios.

En tu seno acoges a millones de seres, que se surten de tus grandes facultades. Multiplicadora innata de un sin número de especies animales, flora, y fauna moldeando así  un ecosistema propio. El hombre antiguo fue testigo de tus grandes maravillas, se adaptó y aprendió a usar las bondades del entorno.

Hoy pese a tu abundancia plena, y  encarecido resguardo, el bellaco hombre moderno usa indiscriminadamente tus frutos sagrados, arrancando de raíz las semillas, pudriendo a su paso las extensiones naturales, desmembrando tus escenarios, inmolando a las especies y sí mismo. Desmesuradas son sus fechorías, que desgarran tú pureza, tú vitalidad,  y tú fertilidad.

Ruego por tú vida, cada día eres más frágil, vulnerable, indefensa ante la inconsciencia del hombre. Esbozas una inmensa tristeza, siento que gritas, sangras y entre sollozos clamas venganza. Pero aún luchas por tú subsistencia, por preservar  tus recursos y belleza.

Porque eres una joya, una reliquilla sagrada irremplazable. Fecundas, concibes, provees de tesoros únicos, y con cada alba, cada ocaso, cada estación dedicas un nuevo día, una nueva oportunidad para el mañana. Tú magnificencia y armonía te convierte en nuestra Madre Tierra.

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Momento de Poesía

Así como también es bueno dar nuestros puntos de vista y reflexionar sobre las complejidades de la vida que dan para mucha confrontación intelectual. Es momento de un toque poético, citando este fragmento que me resulto excepcional y quisiera compartir con ustedes.

“No te enamores de una mujer que lee, de una mujer que siente demasiado, de una mujer que escribe…

No te enamores de una mujer culta, maga, delirante, loca. No te enamores de una mujer que piensa, que sabe lo que sabe y además sabe volar; una mujer segura de sí misma.

No te enamores de una mujer que se ríe o llora haciendo el amor, que sabe convertir en espíritu su carne; y mucho menos de una que ame la poesía (esas son las más peligrosas), o que se quede media hora contemplando una pintura y no sepa vivir sin la música.

No te enamores de una mujer a la que le interese la política y que sea rebelde y sienta un inmenso horror por las injusticias. Una que no le guste para nada ver televisión. Ni de una mujer que es bella sin importar las características de su cara y de su cuerpo.

No te enamores de una mujer intensa, lúdica, lúcida e irreverente. No quieras enamorarte de una mujer así. Porque cuando te enamoras de una mujer como esa, se quede ella contigo o no, te ame ella o no, de ella, de una mujer así, jamás se regresa…”

-Martha Rivera Garrido, poeta dominicana.-