Todo sería distinto si

En estos días tan turbulentos, llenos de caos e incertidumbre que vive cada venezolano, cuando transitan las calles de la capital, creando una paranoia a cada paso recorrido, intentado fijar la vista en diferentes ángulos para percibir el peligro inminente ante un asalto, esquivando la inmundicia de los suelos, entrar con desosiego e inquietud a un supermercado o abasto esperanzado de conseguir alimentos básicos, el desgano desenfrenado cuando se trabaja duro y no existen méritos salariales que lo sustenten, que la acción de ahorro sea más un sueño que una realidad, debido a que cada día los precios aumentan, el desespero al no encontrar las atenciones medicas necesarias ni los medicamentos ante una enfermedad crónica, el llanto y acongojo de madres que identifican el cuerpo de sus hijos en la morgue, producto de la violencia desatada y la inseguridad inclemente. Es entonces, cuando los cuestionamientos afloran y hacen pensar.

Todo sería distinto si, las instituciones públicas municipales, que están a cargo del servicio de aseo urbano, cumplieran con el horario establecido, y así las distintas ciudades y barrios se mantengan limpias y en sumo cuidado, al igual que cada trabajador en el área sea beneficiado con su pago mensual.

 

Todo sería distinto si, el Estado fuera consciente de la verdadera realidad del venezolano, y afrontara con hechos palpables y no “cadenas televisivas” el  principal problema de  la “guerra económica” sobre el desabastecimiento de alimentos, para generar insumos de producción e industrialización nacional en los sectores empresariales.

 

Todo sería distinto si, las diferentes empresas públicas y privadas garantizaran la renovación de los contratos colectivos, correspondientes a las peticiones del aumento de salarios, bonos vacacionales, de alimentación, de jubilación, entre otros, que satisfagan las necesidades de los empleados.

 

Todo sería distinto si, el sistema de precios estuviera sujeto al libre comercio, a través de la oferta y demanda se logre un equilibrio entre lo que un sector está preparado para abastecer a un precio dado y lo que la otra parte desea comprar, de esta forma, se evitara el aumento desenfrenado y el venezolano lograra mantener su capital en fuentes de ahorro e inversión.

 

Todo sería distinto si,  el Ministerio de Salud Pública, fomentara recursos e insumos en la reparación de infraestructura, sistemas eléctricos, implementación de equipos no médicos y mantenimiento de aparatos electromecánicos, dotación de medicamentos a hospitales, clínicas y centros farmacéuticos, para la seguridad y bienestar de la salud a los venezolanos.

 

Todo sería distinto si, la violencia e inseguridad dejara de ser un tema común, y se convirtiera en solo casos aislados no recurrentes, que la certeza a la vida sea una tarea primordial y que los cuerpos policiales sean aptos para salvaguardar a los ciudadanos, e imponer las leyes que correspondan a cada hecho delictivo.

 

Todo sería distinto si, las instituciones escolares y comunidades vecinales a nivel nacional, ejerzan talleres de capacitación a madres, padres, representantes, para motivar y educar a los hijos correctamente y encaminarlos a un futuro prospero y lleno de oportunidades, de esta forma se podrá evitar futuros jóvenes que se encaminen en drogas, hechos de violencia y actos delictivos.

 

Todo sería distinto si, los fondos públicos estuvieran destinados a los servicios y necesidades del país, y no a los actos de corrupción vinculados a figuras públicas de poder, manejando capital a su beneficio individual y personal, dejando de lado los compromisos al cargo que se encuentre el funcionario.

 

Es así, como todo sería distinto si, los venezolanos dejaran a un lado las corrientes políticas a las que pertenecen, y dieran un vistazo a la realidad que se vive día a día, los problemas que afectan de manera directa al conocido,  al amigo, al vecino y al familiar. Es hora de mirarnos las caras y reconocer que todos somos venezolanos y deseamos una distinta nación llamada Venezuela.

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